Succionar es un reflejo natural en los bebés y les ayuda a calmarse. El chupete y el dedo no son un problema en los primeros meses, pero cuando el hábito se alarga en el tiempo puede influir en el desarrollo de la boca.
Qué efectos puede tener un hábito prolongado
- Mordida abierta: los dientes de delante no llegan a tocarse al cerrar la boca.
- Dientes superiores adelantados por la presión constante hacia fuera.
- Paladar estrecho, que puede provocar una mordida cruzada en los laterales.
- Cambios en la forma de tragar y en la posición de la lengua.
La intensidad, la frecuencia y la duración del hábito influyen más que el hábito en sí. Un chupete ocasional para dormir no tiene el mismo efecto que llevarlo muchas horas al día.
¿Cuándo es buen momento para dejarlo?
De forma orientativa, los pediatras y odontopediatras suelen recomendar ir retirando el chupete entre el primer y el segundo año, y conviene que el hábito haya desaparecido antes de que empiecen a salir los dientes definitivos. Si a los 3 años sigue presente, merece la pena comentarlo en la revisión dental.
Consejos para ayudar a tu hijo a dejarlo
- Hazlo de forma progresiva: primero solo para dormir y después nada.
- Elige un momento tranquilo, sin cambios importantes en casa.
- Refuerza en positivo sus avances en lugar de castigar.
- Con el dedo, identifica cuándo lo hace (aburrimiento, sueño, pantallas) y ofrécele alternativas.
- Si no lo consigue, pide ayuda a su dentista infantil.
Qué hacer si ya ha afectado a la mordida
Muchos cambios mejoran por sí solos cuando el hábito desaparece pronto. Si no es así, el odontólogo valorará si hace falta un tratamiento de ortodoncia para guiar el crecimiento. Por eso es útil hacer la primera revisión de ortodoncia hacia los 6-7 años.
En nuestra unidad de odontopediatría revisamos la boca de los más pequeños y damos pautas a las familias para cada etapa. La primera visita es gratuita: pide cita.



